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INTOLERANCIA A LA LACTOSA

En los últimos tiempos se han empezado a oír en mayor medida los casos de personas que padecen este tipo de intolerancia o que creen padecerla. Aunque es una intolerancia presente en nuestra sociedad, ¿sabemos verdaderamente que es?, o ¿sus síntomas? ¡Te propongo adentrarnos en ella y despejar todas esas dudas!

Comenzaremos definiendo que es la lactosa, que es un azúcar natural que está presente en la leche de los mamíferos: vaca, cabra, oveja y en la humana, y también puede encontrarse en muchos alimentos preparados y medicamentos. Es conocida como el azúcar de la leche y para digerirla, el cuerpo necesita de unas enzimas llamadas lactasas. Estas enzimas se producen en la mucosa del intestino delgado y son las encargadas de transformar la lactosa (disacárido) en dos monosacáridos (glucosa y galactosa) para usar como energía.
Si los niveles de lactasa son bajos aparecen dificultades para digerir la lactosa y se produce la intolerancia a la lactosa. Por consiguiente, se habla de intolerancia cuando el organismo no produce suficiente lactasa (enzima) en el intestino delgado para descomponer toda la lactosa (azúcar) consumida en azúcares más simples de absorber por el intestino.

La deficiencia de lactasa intestinal se puede clasificar en dos grandes grupos:

– Primaria: Constituye el trastorno genético más frecuente, afectando a más del 50% de la población mundial. Este trastorno metabólico se presenta cuando el intestino delgado no tiene suficiente lactasa. Se trata de personas que aunque nacen con lactasa intestinal normal, pierden esta enzima en mayor o menor grado a medida que alcanzan la madurez, por lo que el organismo pierde capacidad de digerir la lactosa. Este tipo de deficiencia suele desencadenarse en la edad adulta, pero también puede iniciarse en la infancia o en la adolescencia, es la llamada hipolactasia del adulto.

– Secundaria: En este tipo, la reducción de lactasa intestinal se debe a causas no genéticas, que son consecuencia de enfermedades intestinales diversas, en las que se da un mayor o menor deterioro de la mucosa intestinal y entre las que se encuentran la enfermedad celíaca, infecciones o lesiones severas en el intestino delgado, intervenciones quirúrgicas gastrointestinales, colon irritable, enfermedades gastrointestinales causadas por malnutrición, pacientes expuestos a tratamientos con quimioterapia, etc. En estos casos, la intolerancia es reversible, cuando desaparece la causa se recupera la lactasa intestinal. En la tercera edad también es frecuente la deficiencia de lactasa.

– Intolerancia congénita: Esta es una forma muy rara de intolerancia, provocada por un defecto congénito o genético. Se han detectado muy pocos casos en el mundo, la mayoría de ellos en Finlandia. Es imprescindible prescribir una dieta sin lactosa al lactante para evitar lesiones y complicaciones graves en su desarrollo.

La intolerancia a la lactosa se puede presentar en el momento del nacimiento, desarrollarse en la infancia cuando se introduce la leche de vaca en la dieta o más tarde en la etapa adulta. No existe una manera de prevenirla.
Los bebés prematuros a veces tienen intolerancia a la lactosa pero los niños nacidos a término generalmente no muestran signos de esta intolerancia hasta que tienen al menos tres años de edad. El cuerpo del bebé produce lactasa para poder digerir la leche, incluida la leche materna.

La mayoría de la población mundial adulta tiene déficit de lactasa excepto la población del norte y centro de Europa. Parece que existe una clara relación causa – efecto entre el hábito de tomar leche y los pueblos tradicionalmente ganaderos (suecos, holandeses, ingleses…), que se han alimentado generación tras generación con leche de los animales; ya que presentan menos casos de intolerancia a la lactosa. Según las diferentes razas se han observado tendencias como:

– En las personas de raza blanca, la intolerancia a la lactosa generalmente afecta a los niños mayores de 5 años.
– En las personas de raza negra, la afección a menudo ya se presenta a los 2 años de edad.
– Es normal entre adultos de origen étnico asiático, africano y nativo americano.
– Es mucho menos común en personas de origen europeo del norte u occidente.

Sus síntomas

Suelen aparecer entre treinta minutos y dos horas después de haber ingerido alimentos que contengan lactosa, y desaparecen entre tres y seis horas más tarde.

– Dolor abdominal
– Náuseas o vómitos
– Espasmos
– Retortijones
– Hinchazón y distensión abdominal
– Gases abdominales y flatulencias
– Diarreas ácidas
– Heces pastosas y flotantes
– Defecación explosiva

Al existir una alteración de las mucosas intestinales también pueden producirse una serie de síntomas inespecíficos en cualquier parte del cuerpo:

– Abatimiento
– Cansancio
– Dolores en extremidades
– Problemas cutáneos
– Alteraciones de la concentración
– Nerviosismo
– Trastornos del sueño

¿Cómo se diagnostica?
Con frecuencia se indica la retirada de leche de la dieta y se observan las consecuencias que se producen. Si el paciente mejora se pueden realizar las siguientes pruebas:
– Test de hidrógeno en el aliento: es el método más utilizado. Se le administra al paciente entre 25 y 50 gramos de lactosa vía oral y, posteriormente, se mide el hidrógeno espirado en el aliento a lo largo de varias horas. El nivel de hidrógeno espirado dependerá de la cantidad de lactosa no digerida, como consecuencia del grado de deficiencia de lactasa intestinal.
– Ph de las heces.
– Biopsia intestinal: se constata la presencia o no de lactasa en la mucosa intestinal mediante endoscopia.
– Test genético: consiste en extraer y amplificar el ADN a través de una muestra saliva o sangre del individuo.
– Test sanguíneo de sobrecarga de lactosa: mediante extracciones de sangre se observa el nivel de glucosa después de haberle suministrado lactosa.
Tratamiento
La principal medida es eliminar la ingesta de leche y sus derivados de la dieta pero debemos tener en cuenta que al eliminar el consumo de leche estamos eliminando también una importante fuente de calcio, necesaria para la salud de los huesos, así como vitamina D, riboflavina, proteínas y ácidos grasos que facilitan el crecimiento en niños y adolescentes. Es posible que necesite encontrar nuevas maneras de obtener calcio en su dieta:

– Tome suplementos de calcio.
– Coma alimentos que tengan más calcio como las verduras de hoja, ostras, pescados que se consuman enteros con espina como las sardinas y boquerones, salmón en conserva, camarones, brócoli, frutos secos, legumbres, berberechos y mejillones.
– Beba jugo de naranja que contenga calcio agregado.
Puede agregarle enzimas de lactasa a la leche normal o tomarlas en cápsulas o en forma de tabletas masticables para facilitar la digestión de la lactosa. Se deben usar siempre bajo prescripción médica.

 Recomendaciones:

– La lactosa se tolera mejor si se consume durante las comidas principales que si se toma de forma aislada.
– Se debe determinar a partir de qué cantidad de leche o derivados se desencadenan los síntomas. Una cantidad que no se tolera, si se toma repartida en 2 o más tomas durante el día, puede tolerarse.
– Evitar el autodiagnóstico y no retirar los lácteos sin consultar a su médico.
– Es aconsejable leer atentamente las etiquetas de los alimentos para saber si contienen lactosa. En la etiqueta se encuentra una lista de ingredientes donde el orden de la lista indica la cantidad del ingrediente. Los ingredientes que se encuentran en más grandes cantidades están escritos primeros en la lista, mientras que los que están en pequeñas cantidades se encuentran al final de la lista. ¡Ojo! Algunos alimentos pueden contener trazas de leche aunque creamos que no.
– Los medicamentos también pueden contener lactosa. Consúltelo con su médico.
– Conocer qué alimentos incorporan lactosa: está presente en la leche y en otros productos industriales elaborados, como salchichas, patés, margarinas, helados, salsas, algunos fiambres y embutidos, cereales enriquecidos, sopas instantáneas y comidas preparadas. Más adelante veremos más detallados que alimentos están aconsejados y cuáles se debe evitar.
– Tomar la dosis diaria recomendada de vitamina A, C, Fósforo, Magnesio y Potasio, los cuáles ayudan a la absorción del calcio.
– Buscar las alternativas de lácteos sin lactosa.
– Enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio, vitamina D, riboflavina y proteínas: están presentes en verduras como las espinacas, la acelga o el brócoli; legumbres como las judías blancas, las lentejas y los garbanzos; la yema de huevo; pescados como la sardina, el salmón y el lenguado; las gambas y todos los frutos secos (excepto la castaña).
– Experimentar en la cocina buscando recetas libres de lactosa que puedan prepararse en casa.
– Sí a los baños de sol: favorece la absorción de la vitamina D, lo que ayuda a compensar el aporte de los lácteos.
ALIMENTOS A EXCLUIR DE LA DIETA (según tolerancia)

– Leche y derivados: Leche (entera, semidesnatada, desnatada) en polvo, líquida o condensada, cuajada y otros lácteos (natilla, flan, arroz con leche, postres lácteos que no necesitan frío…), batidos de sabores, nata, crema pastelera, quesos (fresco, en lonchas, para untar, tierno). Excepto el queso curado ya que apenas contiene lactosa.

– Carnes y derivados: Charcutería (salchichas comerciales y embutidos).

– Cereales, patatas y derivados: Purés y sopas elaborados o enriquecidos con leche o lácteos. Pastelería y repostería: crepes, bollos, bizcochos, galletas, pastas.

– Bebidas: Bebidas alcohólicas.

– Grasas: Mantequilla, nata, margarinas sin especificar si son vegetales 100% o llevan contenido animal o leche.

– Otros productos que incluyan entre sus ingredientes: Leche de vaca: chocolate con leche, sugus, productos de bollería pan de molde, puré en copos, helados, cremas, pastelería y repostería rellenas.

ALIMENTOS ACONSEJADOS

– Leche y sustitutos: Leche sin lactosa, leche de soja o leche tratada con lactasa. Productos derivados de la leche de soja como el tofu y los postres.

Pueden ser más fáciles de digerir productos como la mantequilla de leche, los quesos y los yogures ya que tiene menos cantidad de lactosa que la leche, debido a que el proceso de fermentación disminuye su contenido. Los quesos curados y yogures siempre se deben introducir poco a poco y según tolerancia individual.

– Carnes, huevos y sus derivados: Todos, salvo los indicados en «alimentos a excluir». Preferir carnes magras.

– Cereales, patatas y legumbres: Todos salvo los indicados en «alimentos a excluir». Galletas y magdalenas que no contengan lactosa, papillas infantiles no lacteadas.

– Verduras y hortalizas: Todas. Al menos una ensalada al día.

– Frutas: Todas, tratando de incluir un cítrico al día.

– Bebidas: Agua, caldos, infusiones, zumos naturales.

– Grasas: Aceites de oliva y semillas (girasol, maíz, soja…), mantequilla, margarina 100% vegetal (que señalen que no lleva leche)

– Otros productos: Chocolate puro, horchata natural, polos.

 

ALIMENTOS PERMITIDOS (según tolerancia)

– Leche y lácteos: Leche baja en lactosa, yogur, quesos curados, queso en porciones o en lonchas (ver etiquetado), otras leches fermentadas como el kéfir.

– Carnes: Semigrasas, jamón serrano y fiambres magros.

– Bebidas: Café, descafeinado, refrescos, infusiones, bebidas alcohólicas de baja graduación (cerveza, vino, sidra), según costumbre.

– Cereales (pasta, arroz, maíz, pan fresco) y tubérculos.

– Pescado y huevos

– Azúcar de mesa

– Aceites vegetales (aceite de oliva, girasol, maíz)
ALTERNATIVAS VEGETALES

Soja: Rica en proteínas. Contiene ácidos grasos esenciales, libres de colesterol.
Avena: De fácil digestión. Buena fuente de fibra, proteínas y vitamina B, ideal para fortalecer los nervios.
Arroz: Es una bebida refrescante y muy digestiva, lo que ayuda a quienes sufren de gastritis. Tiene muy pocas calorías.
Almendra: Contiene un alto porcentaje de fibra soluble e insoluble. Su perfil de grasas es saludable y contribuye a regular los niveles de colesterol.
Avellana: Aporta calcio, magnesio, hierro, fósforo y potasio. Además, se destaca su riqueza en fibra, en ácido fólico y vitaminas A y E.
Quinoa: Tiene más proteína que la mayor parte de los cereales y de mejor calidad. El grano de quinoa es más digestivo que el de la soja y rico en vitaminas y minerales.

¡Espero que tus dudas se hayan despejado!