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Las cifras son más que alarmantes, el 26% de los niños españoles sufre sobrepeso y el 19% obesidad. Ya hemos superado a EEUU y hemos triplicado el número de enfermos en los últimos 30 años.

El problema es aún más preocupante porque al ser niños, la mayoría mantendrá los hábitos dietéticos adquiridos durante la infancia y el elevado peso durante toda su vida. Serán más propensos a desarrollar enfermedades relacionadas con la obesidad como la diabetes tipo 2, artrosis, hiperlipemias o enfermedades cardiovasculares.

La obesidad se ha convertido en un verdadero problema de salud pública afectando al coste sanitario, la calidad de vida y la morbimortalidad.

Las causas de este aumento de prevalencia en la obesidad y sobrepeso son varias:

La poca información y educación que se da a los pequeños, tanto por parte de los padres, como de los centros educativos, como del entorno social.

La televisión y su oferta de alimentos calóricos (sobre todo para la merienda tipo snacks o barritas energéticas) con divertidos anuncios y promociones que llaman la atención de los más pequeños y que les enseñan a sustituir una merienda por una chocolatina, asegurando tener los mismos aportes nutricionales.

Los propios padres, ya que hoy en día ya no se dedica tanto tiempo como antes a cuidar la alimentación de los hijos y echando mano de numerosos platos rápidos o sustitutivos de comidas que nos «hacen un apaño».

No me canso de observar a los niños que van merendando por la calle y creo que no he visto a casi ningún niño que meriende un bocadillo o una fruta. Lo normal es que lleven algún bollo o zumo de frutas envasado, ¡con lo buenos que estaban los bocadillos y los batidos que me hacía mi madre!

Diversos estudios relacionan una mayor prevalencia de obesidad infantil con un nivel socioeconómico y cultural menor y muy ligado también con la zona Sur de España.

Para que nuestras generaciones posteriores sean más sanas, debemos promover la actividad física y cuidar su alimentación.

Algunos consejos para que nuestros hijos crezcan sanos:

-Mantener la lactancia materna durante al menos 3 meses (siempre y cuando que sea posible), ya que se ha demostrado su efecto protector frente a numerosas enfermedades entre ellas la obesidad.

-Dirigir a nuestro hijo a un nutricionista (en el caso de que necesite perder peso) y nunca someterlo a dietas estrictas de adelgazamiento.

-Promover el «buen desayuno»: compuesto por un lácteo, fruta, cereales o galletas integrales.

-Promover tomar tentempiés sanos como bocadillos, frutas, batidos, lácteos….

-Sustituir el ejercicio virtual de los vídeo juegos por ejercicio físico real.

-Comer siempre que se pueda toda la familia junta (padres y niños) en la mesa y con la televisión apagada.

-Mantener unos hábitos dietéticos saludables. Si tus hijos ven que no comes fruta, ellos tampoco la comerán.

-Procurar que coman al menos 4 raciones de fruta y verdura diarias y que hagan 5 comidas al día.